Madera en la Alhambra ©Cristina Espinosa Plaza
Techo oeste de la Sala de Dos Hermanas ©Cristina Espinosa

Texto reciclado sobre la percepción y la presencia de la madera en la Alhambra.

A veces en mis rutas intento mencionar cual es la característica más significativa de la Alhambra. Cual es aquella que hace del monumento nazarí una de las maravillas de la arquitectura. Y nunca llego a un acuerdo conmigo mismo. Unos defenderán que la luz, y llevarían razón, algunos otros el agua, también un argumento bastante sólido. Así podríamos mencionar la atmósfera, el clima, la fluidez del espacio y un larguísimo etcétera. Todas las propiedades de la Alhambra no tendrían cabida en un artículo, casi ni de enciclopedia. Y es que en cierta manera todas las propiedades de la arquitectura toman especial relevancia dentro de las paredes del monumento andalusí.

Sin embargo, al igual que podemos afirmar que sin agua o sin luz no existe ésta ciudad, podemos decir que sin la madera la Alhambra tampoco podría existir.

Aunque si se le echa un ojo a los grandes libros sobre el monumento, que los hay muchos y muy buenos, pocas veces se menciona este material más allá de un sistema decorativo, o una techumbre concreta o un lienzo para la expresión. Pero este monumento es un hito de la carpintería e incluso de la expresión del lenguaje de la naturaleza en la arquitectura.

Y es en este momento donde podríamos pasearnos por la joya granadina, pero planteando el monumento nazarí desde el punto de vista del material. Y es que la madera en la Alhambra se agrupa en tres grandes tipologías: La madera “ausente”, la madera “presente” y la madera “simbólica”.

Comencemos con la madera “ausente”

Aquella que aun no estando presente ha participado de la construcción de los diferentes espacios palatinos y otras estructuras. Se puede afirmar que prácticamente casi todas las estructuras y artes decorativas de la Alhambra se sirven de la madera para poder realizarse. Y ojo, esto no implica que se realicen expresamente en este material.

Se puede observar en los tapiales donde a veces los calicastrados dejan al aire algún que otro mechinal de los andamiajes preexistentes. O también las yeserías, porque para hacer los grandes lienzos que cubren las paredes se tallaban los moldes que daban lugar a un patrón repetitivo y por cierto, prefabricado. Pero cuando no es molde es soporte, a través del trabajo de las cimbras para arcos y muchas de las bóvedas que hoy podemos ver, con lo cual sin la madera en la Alhambra no hay construcción, independientemente del material usado.

La madera “presente”, como su propio nombre indica es aquella que está, que se puede ver (pero no tocar, porque está prohibido)

Me refiero a aquella que viste un espacio a través de una pieza mueble o a través de un plano del espacio. Esta madera en la Alhambra, se manifiesta a través de techumbres que suponen todo un hito dentro de la arquitectura. Es en este monumento nazarí donde grandes expertos como Enrique Nuere afirman que se originan las reglas geométricas la carpintería de lazo.

Y posiblemente esta técnica comienza a probarse en piezas muebles de menor a mayor tamaño. Primero en aparadores o cómodas hasta llegar a armarios, y si se puede en un armario puede hacerse en una puerta, y si se puede hacer en una puerta, entonces se puede hacer en un techo o un alero. Esto produce un salto de lo mueble a lo inmueble, del mobiliario a la arquitectura. Aunque esto sin duda lo explica mucho mejor Albanécar en sus artículos sobre la carpintería de lo blanco.

Pero estas techumbres y aleros no son solo objetos carvados con motivos más o menos estéticos, es en ellos donde la madera a través de su naturaleza encuentra una conexión con la simbología, con lo abstracto, entrando así en el último gran grupo. Porque la madera en la Alhambra también es “simbólica”. Así la madera pasa a ser el medio de transmisión, dando lugar a espacios epigráficos, normalmente reservados a poemas de gran longitud o suras y rara vez a motivos repetitivos, al contrario de lo que sucede normalmente en las yeserías. Hasta en los espacios palatinos cristianos del siglo XVI la madera es el soporte para estas alabanzas. Y sin embargo, ésta no forma parte del último de los grandes grupos de hoy.

La madera “simbólica”

Ésta pasa de los explícito a lo abstracto en algunos de los espacios, como la techumbre de Comares. Ésta es una de las mayores y más complejas del arte islámico y bebe de la presencia sufí en Granada. Tallando el techo a través de lo esotérico y lo místico se representan a través de los lazos de la carpintería los siete cielos del Islam con un paraíso de mocárabes. La madera deja de ser un lienzo de texto para ser el lienzo de las ideas. En este mismo techo la vegetación es uno de los símbolos, el árbol de la vida.

Y es que la cultura islámica considera la vegetación un símbolo de la vida. Por ello no es la madera el único material con el que se representa este símbolo. El yeso o el mármol rinden pleitesía a la vegetación y la madera en consecuencia como símbolo en el Patio de los Leones. Aquí la madera en la Alhambra es un ausente. Las ciento veinticuatro columnas dejan de ser mármol para emplazarse como los árboles de un oasis paradisíaco representando la maravillosa aleatoriedad de la naturaleza. Diferentes agrupaciones, diferentes intercolumnios, diferentes formas de resolver el vano, todo ello para convertir a través de la madera el espacio pétreo en una interpretación del paraíso, cambiando la forma de vivir un espacio.

Y esto nos demuestra que éste material según su posición, su uso o su simbología puede trascender los verbos copulativos haciendo mucho más que ser, estar o parecer. La madera en la Alhambra puede construir,en toda la amplitud de la palabra, desde la interpretación o la acción hasta la reacción del visitante que mire según con que ojos.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Muy interesante. La próxima vez que vaya, será la tercera, y la veré con ojos distintos a las dos anteriores.

    1. ¡Muchas gracias Biru!
      No se cuantas veces llevo ya visitadas la Alhambra pero cada vez es distinta, y muchas veces la ciudad te enseña algo nuevo.
      ¡Un abrazo!

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